Viernes Santo divertido en el Monte Calvario

Buenos días Mamis de Málaga, aunque ya estamos a miércoles santo, la Semana Santa puede dar todavía mucho de sí.

Nos encontramos en una semana llena de tradiciones, procesiones, cofradías, tallas, imágenes y pasión. Conceptos que fácilmente podrían ser extrapolables a la familia, jiji, siiii “mi familia es mi cofradía, en la que tenemos dos imágenes preciosas a las que adoro y saco en procesión cada vez que puedo, y con las que disfruto con mucha pasión de nuestras tradiciones familiares que con tanto amor y entusiasmo hemos ido tallando a lo largo de los años…”

Bueno, tras este momento splash, en el que tengo que reconocer que me he venido un poquito arriba 😉 , voy a contaros lo que nosotros hacemos todos los viernes santos en Málaga, y no sólo desde hace 10 años, edad de mi hijo mayor, sino desde que yo era pequeña, pues esta es una tradición que mis padres iniciaron, en mi familia, y que va ya por la segunda generación.

Os cuento, si nos centramos en los tronos y procesiones que salen el Viernes Santo, podemos pensar, vaya, muy para niños no son, el viernes es el día triste donde se llora la muerte del Señor… pero como dice mi madre la diversión depende de uno mismo.

Ahí va nuestro plan de Viernes Santo, a ver si os gusta

Ese día nos levantamos tempranito, nos ponemos muy guapos, pero cómodos, sobre todo en el calzado, recogemos al abuelo y la abuela, los titos y la prima Érika y nos vamos para el Monte Calvario. El autobús nº1 te deja justo allí, así que nos ahorramos coger el coche y empezamos el entretenimiento desde el primer momento, no hay nada más divertido que ¡viajar todos juntos en bus!

Foto de tabernacofrade.net

Según la tradición, cada Viernes Santo se sube al cerro del Monte Calvario, situado tras el Santuario de la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga, con un vía crucis marcado con cruces a lo largo del camino de subida, donde se dejan piedras o flores en cada una de las estaciones, a modo de exvotos de los fieles. Un pequeño oasis espiritual que ha logrado resistir al paso de los siglos, en un hermoso entorno de pinos, que combinados con la subida que se eleva hacia la vieja ermita, hace que podamos disfrutar de una de las vistas más espectaculares de Málaga.

El autobús cumple su cometido y por fin nos deja en la Basílica de la Victoria, como ya estamos metidos en faena, vamos paseando a través de los jardines y columpios de la Iglesia hacia las faldas del Monte Calvario, aquí empezamos nuestra primera parada del vía crucis, no sé vosotras, pero a mí se me hace imposible pasar por un parque y no parar: “¡hay que comprobar que los columpios son realmente divertidos mami!” -palabras textuales de mi peque…,  pues nada adelante, tras superar con creces el tiempo de comprobación de rigor, mis bichitos son muy profesionales, llegamos al principio del camino de la montaña.

Ufff, momento de reflexión:

– ¿Quién me cuenta dónde estamos?

– En el campo del Monte Calvario, dice mi hijo,

– Sí, sí, y hay una capilla encima que tiene ciento veintitreinta y cuatro escalones, contesta mi hija,

– Y además hay miles de cruces por el camino donde tenemos que poner piedrecitas, continúa mi sobrina…

Pues bien, como ni yo lo podría haber explicado mejor, iniciamos la subida seleccionando cuidadosamente todas y cada una de las piedrecitas que vamos a ir dejando en cada una las cruces que nos vamos encontrando a nuestro paso. No os podéis imaginar lo divertido que es ir descubriéndolas, encontrar la piedra perfecta, por supuesto no todas valen, y participar de sus conversaciones y ocurrencias.

Una vez arriba, entramos en la ermita para ver al Señor y darle un besito en los pies, momento más trascendental, en el que respiramos pura tradición impregnada de olor a incienso. Miles son las preguntas sobre lo que acabamos de ver: mamá y ¿qué le pasa al señor?, ¿por qué está siempre acostado?, ¿cómo baja después a pasear en la procesión por el centro?… Menos mal que llevo refuerzos y ¡la abuela viene al rescate!

Aprovechamos para disfrutar del aire puro y las espectaculares vistas que este lugar de ensueño nos ofrece antes de iniciar la bajada. En el camino de regreso nos ataca la sed y el gusanillo del hambre, así que hacemos la última parada del vía crucis para tomar algo fresquito y comprar unas cañadús y unos limones cascarúos ¡tendríais que ver las caras de chinitos que se les ponen cuando se arman de valor y le pegan un mordisquito! .)

¡Misión cumplida y prueba superada! Se acerca la hora de almorzar, tenemos que buscar dónde comer algo. En calle Victoria, cuando vamos paseando en dirección al Centro nos encontramos con muchos restaurantes y bares, geniales para hacer una paradita, y, si no, seguimos nuestra particular marcha procesional hacia el Centro, donde finalmente terminamos encontrando un sitio chulo y rico. Digo Centro porque es de parada obligatoria pasar por Casa Mira a tomar unos helados de postre. Sinceramente (y esto ya es cosa mía, que además de una mami de tradiciones soy un poquito golosa) os recomiendo el granizado de café, descafeinado en mi caso, con helado de vainilla, que sin lugar a dudas es la mejor vainilla del mundo.

Después de este exquisito manjar, y si aún nos quedan fuerzas, seguimos por la zona de calle Alcazabilla, disfrutando un poquito más, si cabe, del Viernes Santo, y aprovechando el inicio de un fin de semana largo, ya que los peques no tienen cole el lunes.

¿Qué os parece nuestro plan de Viernes Santo?

Compartid, si os ha gustado…

¡Nos vemos en el Monte Calvario!

Autora: Susana Álvarez Sánchez

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